Centro Psicológico y Sexológico Zubieta Centro Psicológico y Sexológico Zubieta

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Discapacidad intelectual y sexualidad

Las necesidades sexuales de las personas con cualquier tipo de discapacidad son las mismas que las de otras personas. Las necesidades de afecto y de intimidad son inherentes a la naturaleza humana. Su satisfacción contribuye a mantener el equilibrio psicológico y emocional de la persona. Sin embargo, debido a sus circunstancias, el reto al que se enfrentan las personas discapacitadas en general es mucho mayor que el del resto de la población. En muchos casos, las personas con discapacidad intelectual son un claro ejemplo de necesidades sexuales frustradas. Y esto se debe ―en gran parte― a que las personas de su entorno no logran reconocer, identificar y resolver las necesidades sexuales de estas personas.

Casi por tradición, se ha intentado relegar a un segundo plano la sexualidad de la persona. Peor suerte han tenido las personas discapacitadas, en quienes se ha tendido a negar la existencia de la sexualidad. Con demasiada frecuencia se les ha considerado ―erróneamente― personas asexuadas.

Afortunadamente, se está comprendiendo de forma cada vez más clara que la educación sexual es un derecho para todas las personas, incluyendo a aquellas que sufren de alguna discapacidad. De hecho, la educación y la información son más importantes en este tipo de población debido a que sus circunstancias suelen requerir de mayores cuidados y precauciones.

La discapacidad intelectual se refiere a las limitaciones significativas que enfrenta la persona en su funcionamiento intelectual, y en sus habilidades adaptativas ―prácticas, sociales y conceptuales―. No obstante, tanto el funcionamiento intelectual, como las habilidades de adaptación pueden mejorar con la orientación adecuada. En este sentido, el grupo de apoyo es vital para la persona discapacitada.

Lógicamente, el tipo de situaciones a las que se puede enfrentar una persona con discapacidad intelectual variará dependiendo del grado de discapacidad que presente. La paradoja es que en personas con una discapacidad mínima, los conflictos pueden ser mayores. Esto se debe a que a menudo son más conscientes de que desean una vida como la de cualquier persona.

Sus necesidades, como las del resto del mundo, son de seguridad emocional y autoestima en el ámbito social. No es menos importante la necesidad de intimidad afectiva y sexual. No obstante, son muy pocas las personas con discapacidad intelectual que cuentan con algún tipo de intimidad. En muchos casos ni siquiera tienen acceso a un espacio íntimo.

¿Conoces o convives con alguna persona con discapacidad intelectual? ¿Cómo crees que viven la sexualidad este tipo de personas? ¿Qué tipo de apoyo consideras que necesitan? ¿A qué tipo de información sexual crees que tienen acceso? ¿De qué manera podemos facilitar la expresión de su sexualidad?