Centro Psicológico y Sexológico Zubieta Centro Psicológico y Sexológico Zubieta

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Gemidos, jadeos y otros sonidos sexuales

En nuestra sociedad se empieza a prestar más atención a los sonidos que producimos las personas al participar en actividades sexuales. Como en el tenis y otros deportes, hay personas más dadas a gemir, jadear y proferir todo tipo de sonidos durante sus actividades, que otras.

El otro día veíamos el montaje de una grabación de audio en la que mezclaban, por ejemplo, los ruidos realizados por María Sharapova al jugar al tenis con los emitidos por Rafa Nadal… Quizás muchos de nuestros vecinos pensaron que se trataba de un vídeo porno y de una escena inequívocamente sexual. Existen otros tenistas y atletas que, a pesar del esfuerzo físico realizado, apenas emiten sonidos.

Lo mismo ocurre con el sexo y si además contamos con paredes que parecen más de papel que de ladrillo, se pueden crear situaciones algo desafortunadas para todas las partes implicadas.

Las condiciones ambientales no controladas y estresantes juegan un papel importante en el disfrute sexual, y pueden producir distintos tipos de problemas. Tenemos pacientes jóvenes que se sienten cohibidos durante la masturbación por la proximidad en la vivienda de sus padres, hermanos u otros familiares. Esto sin mencionar los ejemplos de cuando la pareja está de visita en casa de los suegros, quienes duermen en la habitación contigua, y le preocupa que algún sonido sospechoso pueda alertarlos de que hay gente practicando sexo en la vivienda.

Y qué hay del temor de que el niño o los niños se despierten y sorprendan a la pareja, evaporando las más ardientes pasiones. Hemos oído las historias de situaciones que incluso provoquen una eyaculación precoz: cuanto antes se termine, antes se acaba la angustia. También hay ejemplos de situaciones en las que no se pueden concentrar los suficiente, el conocimiento de que hay gente por ahí, les corta  el ritmo y dificulta el orgasmo.

La ansiedad de que otros escuchen “sonidos sospechosos” puede inhibir el germen del deseo. Además puede propiciar que sobrevengan los típicos “gatillazos”.

Independientemente del ruido que pueda generarse durante la actividad sexual, siempre es de ayuda cerrar la puerta. Curiosamente, algunas parejas se resisten a esa medida argumentando que no consienten que en su casa se cierren las puertas con llave, que no tienen nada que esconder, y que es una prueba de confianza. Desde nuestra perspectiva, es un error y la confianza se puede demostrar de muchas otras maneras, más sensatas y positivas.

Desde el punto de vista sexológico, la cuestión es que en nuestra sociedad la expresión sexual, el coito, las caricias o la masturbación, por ejemplo, se realizan en la intimidad y no en la presencia de terceros.

Si estamos de acuerdo con estos principios de intimidad, ¿será o no necesario cerrar las puertas y buscar un entorno confortable y acogedor para el sexo? ¿Cuánto pesa el sentirse susceptible a cualquier intromisión?