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La frecuencia en el sexo

Quizás uno de los temas que más interés despierta en torno al sexo es el de la frecuencia. Son muchas las personas que sienten una gran preocupación por la cantidad de relaciones sexuales que tienen habitualmente.

Hace un tiempo tuvimos en consulta a un hombre de unos 45 años, que vivía obsesionado por el número de relaciones sexuales que tenía con su mujer, quien era más o menos de la misma edad. A la primera consulta trajo una lista con el número de coitos que había tenido en los últimos meses. Llevaba una especie de diario sobre ello desde hacía unos meses.

Al parecer, durante un período de tres meses vivió una especie de segunda luna de miel en el que habían ido aumentando significativamente sus encuentros sexuales. De hecho, la frecuencia durante dicha fase se había disparado. En el cuarto mes, no obstante, su segunda luna de miel se había ido a pique porque él había empezado a tener dificultades para conseguir la erección.

El hombre se encontraba destrozado y su ánimo había decaído tanto, que corría el riesgo de caer en una depresión, lo que empeoraría la disfunción eréctil. Al explorar su historia, nos contó que hasta hacía poco tiempo su actividad sexual había sido escasa. La pareja había trabajado muy duro para salir adelante. Eran padres de tres hijos, tenían un negocio en el que trabajaban juntos, con una relación armoniosa en general. Pero poco tiempo y poca energía les había quedado para dedicarla a la vida sexual. Ella, sin embargo, últimamente había experimentado un mayor deseo. Muy probablemente debido a que los niños estaban criados y habían disminuido sus obligaciones y preocupaciones. Como le pasa a muchas mujeres a esa edad se sentía más segura de sí misma: contaba que por primera vez en su vida se sentía guapa y atractiva, lo que había aumentado su autoestima…

Él, por su parte, contaba que debido a que ella se había estado mostrando más dispuesta que nunca para el sexo, había intentado aprovechar tan maravillosa oportunidad. Así, en pocos meses, la cantidad de relaciones sexuales se había catapultado y llegaban a tener coito dos veces al día, hasta que él empezó a padecer disfunción eréctil. Le dolía particularmente la idea de estar desaprovechando la oportunidad de tener más sexo ahora que su mujer se mostraba completamente deseosa y dispuesta.

El hombre acudió a consulta preocupado por no poder mantener tan alto rango, esclavo de la producción, tenía la misma actitud en las relaciones sexuales y se preocupaba más por la cantidad que por la calidad de sus relaciones sexuales. Los humanos solemos querer más, no entendemos que la vida, incluida la sexual, es como una rueda de la fortuna, o una noria, y así hay que vivirla, disfrutando las subidas y comprendiendo y aceptando las bajadas. No se puede vivir indefinidamente con la preocupación de estar en la cresta de la ola, ni superando marcas.

¿Qué opinas de esta paradoja? ¿Qué piensas que llevó a este hombre a mostrar síntomas de disfunción eréctil? ¿Te ha pasado algo parecido alguna vez? ¿Sueles contar el número de coitos que tienes?