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Tolerancia a la frustración

La frustración es el sentimiento que uno tiene cuando la realidad no se ajusta inmediatamente a sus deseos. La frustración es una parte normal de la experiencia humana. Es ineludible Y, de hecho, puede ser muy útil si el sentimiento de frustración conduce a la mejora personal o nos motiva a mejorar nuestra situación. Sin embargo, a veces, la persona responde con una baja tolerancia a la frustración.

La capacidad de tolerar la frustración y sobreponerse a la misma es algo que se aprende en la niñez. La tolerancia a la frustración es la habilidad para sobreponerse de los obstáculos y soportar eventos estresantes que vamos encontrando en el camino.

La baja tolerancia a la frustración o «hedonismo a corto plazo» es un concepto que se utiliza para describir la incapacidad de tolerar sentimientos desagradables o situaciones estresantes. Ocurre cuando una acción orientada a un objetivo se retrasa o fracasa. El sentimiento resultante es una insatisfacción debido a las necesidades no satisfechas o conflictos no resueltos. Se deriva de la creencia de que la realidad debe ser como se desea, y que cualquier frustración debe resolverse de manera rápida y sencilla.

Las personas con baja tolerancia a la frustración muchas veces pueden experimentar trastornos emocionales cuando las frustraciones no se resuelven rápidamente. Los comportamientos se dirigen entonces hacia evitar eventos frustrantes que, paradójicamente, conducen a una mayor frustración e incluso a un mayor estrés mental.

Los niños y niñas que son educados para experimentar el mínimo de frustración posible en su vida, generalmente, se convierten en adultos infelices e intolerantes. Una de las funciones que cumple el juego en la infancia es el de aprender a funcionar respetando no sólo a las demás personas, sino también a aguantar todas aquellas situaciones que pueden parecernos desagradables.

Los comportamientos se dirigen entonces hacia evitar eventos frustrantes que, paradójicamente, conducen a una mayor frustración e incluso a un mayor estrés mental.

Una persona que en el calor del momento reacciona con frustración suele verse más fácilmente afectada por los tropiezos que sufre. Es fundamental el aprender a aceptar que los problemas son parte de la vida y desechar la idea de que sentirse infeliz es algo que nunca debiera ocurrir. La aceptación incluye saber que los sentimientos son cíclicos y, que para superarlos es necesario aprender a manejar las emociones incómodas o desagradables.  

Se ha sugerido la baja tolerancia a la frustración como la causa principal de la procrastinación. Según algunos expertos en el tema, la baja tolerancia a la frustración hace que evitemos situaciones que consideramos difíciles de soportar y, que a veces, lleguemos al extremo de que las evitemos por completo. Esto puede ser un problema porque lograr muchas de las metas que nos interesan nos obliga a tomar medidas que implican cierta incomodidad. De hecho, es una paradoja que el evitar la incomodidad compulsivamente tan sólo prolonga la angustia mental.

La tolerancia a la frustración es un comportamiento aprendido que puede fortalecerse con mindfulness (atención consciente), tiempo y paciencia. Aunque puede ser que de forma automática la respuesta de ansiedad para aliviar el sufrimiento sea fuerte, tenemos la opción de responder de un modo consciente. Entre lo que nos sucede y nuestra respuesta hay un espacio, una brecha. Ese espacio conlleva la libertad y el poder de elegir. Sentirse frustrado es una elección. Es posible aprender a responder a la frustración de otra forma, creativamente.

Reducir las creencias irracionales y aumentar las creencias racionales puede reducir la baja tolerancia a la frustración. Esta reestructuración cognitiva permite una modificación del pensamiento, y hace posible que las personas puedan cambiar pensamientos que pueden resultarle desagradables, como los siguientes ejemplos:

«Las condiciones existentes deben cambiarse para darme lo que me gusta, de lo contrario no puedo soportarlo y no puedo ser feliz en absoluto»

«Debo tener una gratificación inmediata y debo tenerla, de lo contrario no puedo soportarlo y mi vida es horrible»

«No soporto las molestias».

El reto es cambiar dichos pensamientos a través de la atención consciente y la flexibilidad del pensamiento, aprovechando la brecha existente entre el estímulo y la respuesta.

Obviamente, la falta de tolerancia a la frustración puede ser un problema importante en las relaciones sexuales y en las relaciones de pareja.

 

La imagen es de Samuel, uno de nuestros modelos favoritos: @samuledcs, #samueledcs