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Un nuevo tipo de familia

Después de una ruptura, iniciar una nueva relación puede resultar una experiencia llena de emoción, pero también de incertidumbre. Sobre todo si ambas partes aportan hijos. Una situación que presenta una serie de nuevos retos, incluso para la sociedad en la que vivimos. Situaciones que hace no poco tiempo no eran tan probables.

Por dar algunos ejemplos, si se ha pasado por una relación difícil, ilusionarse con una nueva pareja puede ayudar a sentir que realmente vale la pena compartir y sentir la tentación de estrechar rápidamente el compromiso. Por si acaso, nos cubrimos las espaldas al tiempo de que pretendemos ahuyentar la incertidumbre.

Según estudios científicos recientes, existen cuatro pilares básicos en las relaciones de pareja: la pasión romántica, la pasión erótica, la intimidad y el compromiso. Generalmente, en los inicios de la relación, en muchos casos, la pasión romántica aporta el combustible para una relación intensa y prometedora. Asimismo, en la primera etapa de la relación, la pasión suele ocupar un papel fundamental. Conforme la relación avanza, la intimidad de la pareja, habitualmente, va incrementándose a través de la comunicación. Poco a poco, tras un periodo relativamente estable suele arribar el deseo, o la aceptación, del compromiso.

Cuando en la pareja uno de los miembros o ambos tienen hijos de relaciones anteriores, este proceso puede verse alterado. En unos casos se puede acelerar. También es cierto que, siguiendo el mismo orden, en otros casos la pasión ‒romántica y erótica‒, la intimidad y el compromiso pueden ir apareciendo en un orden distinto al antes mencionado.

También existe la posibilidad de que se convierta en un proceso excesivamente lento. El hecho de que ambos miembros de la pareja tengan hijos, sobre todo si son pequeños, puede hacer que el compromiso se acelere por el cuidado de los niños, su educación y el miedo a exponerlos a situaciones inestables. Sobre todo en el ámbito familiar. En estas parejas, la pasión puede verse ralentizada en comparación con las parejas que inician su relación sin hijos. Comprensiblemente esto es debido a las responsabilidades y a las demandas de atención que suponen el cuidado de los hijos e hijas. A lo largo de la relación la intimidad puede ir aumentando progresivamente. Independientemente de que el vínculo de compromiso ya se haya establecido de forma previa.

En ocasiones puede ocurrir todo lo contrario. Es decir, que se prolongue indefinidamente la relación de noviazgo: es algo frecuente que aparezcan resistencias en los miembros de la pareja a la hora de avanzar en la relación y comprometerse, por el hecho de tener hijos ya mayores, que se muestran poco entusiasmados en conocer a la persona que ha enamorado a su padre o madre.

Por norma general, los hijos de padres separados suelen ser capaces de hacer cualquier cosa para unir de nuevo a sus progenitores, aun cuando puede que hayan presenciado situaciones de verdadero conflicto entre ellos. Admitir, y sobre todo aceptar, que uno de sus progenitores ‒y a veces ambos‒ tienen una nueva pareja puede suponer un duro trago para ellos.

Si miramos algunos ejemplos de Europa del Norte, hay motivos para la esperanza. La relación puede resultar exitosa si ambas partes, con sus respectivos hijos, se adaptan de forma favorable a la nueva situación. Para ello es necesario ir abordando las posibles diferencias y conflictos de forma constructiva para el desarrollo de un nuevo núcleo familiar.

Las dificultades que surjan ‒como todo en la vida‒ pueden requerir un esfuerzo y muy probablemente llevarán un tiempo para cambiar. La comunicación honesta y sincera es la mejor estrategia. Hablar de emociones, ilusiones y miedos es el camino.

También es importante abordar las cuestiones prácticas: hasta dónde están dispuestas cada una de las partes a implicarse en las cuestiones domésticas, la economía, la crianza de los hijos, por dar algunos ejemplos. 

Las relaciones humanas ‒como todo sistema‒ necesitan de una logística: la organización y planificación necesarias para cumplir con una serie de objetivos. Es pertinente incluir a los hijos en dicha planificación, de modo que se sientan implicados en tales decisiones.  Es fundamental entender que las personas tenemos ritmos distintos en nuestros procesos de cambio y a la hora de gestionar nuestras dificultades.

¿Has vivido o conoces parejas que vivan esta situación? 

¿Qué problemas crees que pueden surgir en este tipo de familia?

¿Cuál es tu experiencia al respecto?

Texto: Xud Zubieta

La ilustración es de Miguel Ángel Martín: http://www.vidasdepapel.com/es/autor/miguel-angel-martin/