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Los problemas de no entender que el porno es ficción

Hace poco oímos en las noticias que existen datos que indican que niños de 8 años están accediendo con asiduidad a material pornográfico. Como expertos del tema, realmente no nos sorprende y añadiríamos que es posible que el uso se extienda hasta niños más pequeños, lamentablemente.

Lo lamentamos porque el porno en todas sus vertientes es capaz de dañar, engañar y confundir a adultos, por lo que en el caso de los menores el peligro se multiplica. Cuando hablamos de porno –la industria del porno− estamos hablando de un universo que incluye, cine, vídeos, vídeo-juegos, imágenes, todo tipo de parafernalia, juguetes, accesorios… Con la aparición de Internet, la industria del porno ha sido una de las que más rápidamente se ha adaptado a este medio y ocupa una parte importante de ese universo virtual.

En consulta, en muchísimas ocasiones hemos escuchado historias de varones, que acuden por un problema relacionado con algo que vieron en una película porno y que creyeron que era así en la vida real. Es en consulta donde descubren su confusión.

Un ejemplo recurrente es en relación al tamaño del pene. Tenemos pacientes que, al no percatarse de que el porno es ficción, han terminado creyendo que su pene era pequeño cuando objetivamente no lo era. Lo mismo puede ocurrir con el tema de la latencia eyaculatoria y hemos tenido pacientes que creen que pueden demorar el orgasmo y la eyaculación tanto que… terminan perdiéndola.

Sabemos además que los seres humanos contamos con las “neuronas espejo”. Éstas reflejan el comportamiento del otro como si el observador estuviera realizando la acción y de ahí que se denominen “espejo”. Desde la perspectiva de las neurociencias, estas neuronas desempeñan una función importante dentro de las capacidades cognitivas de la persona. Sobre todo, en temas relacionados con la vida social, como puede ser la empatía −la capacidad de ponerse en el lugar del otro−, y el actuar por modelaje −aprendiendo de un modelo esas capacidades−.

Por desgracia, y debido al puritanismo de nuestro legado judeo-cristiano, se sigue intentando que no se hable del sexo. Entonces, mientras los puritanos están preocupados por ocultar la sexualidad humana, la industria del porno muestra historias sexuales explícitas pero ficticias. En una buena cantidad de vídeos el sexo es “gang bang”; es decir, “en manada”.

En el universo porno no se requiere del consentimiento de la mujer que, aunque al principio puede mostrar resistencia, luego termina disfrutando y dando las gracias a sus violadores −según la fantasía de los guionistas−. Otra de las prácticas que alientan las escenas de porno es la del sexo sin protección. Los usuarios de porno no se dan cuenta de lo peligroso que es tener relaciones sexuales sin protección y menos en una situación grupal. El porno muestra que el sexo sin preservativo es lo más habitual del mundo y esto termina confundiendo a mucha gente.

Que los menores puedan creer que el porno tiene algo que ver con la vida real es muy peligroso. Es triste que existan pocas oportunidades para que los menores, varones o mujeres adolescentes, reciban una educación sexual adecuada. Ellos y ellas empiezan a sentir cosas nuevas en su cuerpo y no saben cómo interpretarlas ni qué hacer con ellas. Tienen un montón de preguntas y generalmente no saben a quién recurrir para obtener las respuestas.

Se sabe que desde el caso de “La Manada” han surgido –o se ha sabido de la existencia de− otras “manadas”. Lo curioso es que esto ha ocurrido en España, pero también en Alemania, Suiza e Inglaterra. También hay algo que se llama “efecto llamada” y es como si se invitara a otras personas a cometer ciertos actos. Llamaría también la atención creer que ser parte de una manada exime responsabilidad parcial o total de la agresión y la violación. Paradójico, cuando en realidad es aun más grave y legalmente supone una mayor condena.

Quizás lo que está ocurriendo es que se está empezando a denunciar estos casos que, antes, se mantenían en secreto. De ser así, ésta es la mejor de las noticias. Si el problema ya existía, el que se destape es un gran avance. Se tiene que estudiar más la influencia que el porno tiene sobre el individuo, sus creencias y prácticas sexuales si deseamos detener las consecuencias negativas que pueden resultar de ello.

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