Centro Psicológico y Sexológico Zubieta Centro Psicológico y Sexológico Zubieta

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El cortejo

El cortejo, el galanteo, la seducción, el flirteo… son varios fenómenos parecidos y que pueden formar parte de procesos similares. En el caso de los animales, todo se engloba en un solo término: “apareamiento”. Es más curioso aun cuando podemos observar todos los rituales (en algunos casos sumamente complejos) que el macho y la hembra siguen para llegar al apareamiento. Para los humanos, el cortejo es el proceso de selección y atracción, que puede conducir a la relación íntima de amor, sexo, compromiso, convivencia en pareja, matrimonio, o cualquier combinación de éstos. El cortejo puede durar días, meses o incluso años.

Tenemos que diferenciar entre citas preestablecidas y encuentros casuales. No es lo mismo quedar con alguien, que estar en un sitio público, sentirse atraído por otra persona e iniciar el acercamiento, en frío, como quien dijera, de cero. Los procesos para cada caso son muy distintos.

Las citas a menudo sirven para explorar la personalidad ―actitudes, opiniones, gustos, aficiones…― de la otra persona, para evaluar la compatibilidad, principalmente. Por lo general, si una de las dos personas ―o ambas― descubre que la compatibilidad es mínima o insuficiente, es improbable que vaya a haber una segunda cita o contacto posterior.

En algunas culturas se establecen matrimonios de conveniencia, por lo que el proceso es diferente. Son los padres quienes deciden por los hijos y ellos se limitan a hacerse agradables al elegido. En muchas culturas es común el que la mujer reciba un sinnúmero de presiones para que se despose con alguien elegido por sus padres o entorno. Esto es de formas más directas o sutiles.

Muchas parejas olvidan el corte cuando formalizan la relación de pareja o cuando llegan los hijos. No obstante, el amor puede empobrecerse sin intimidad y romance. Las parejas que dedican tiempo y espacio al cortejo ―aun tras años juntos― suelen mantener la pasión.

Las señales del cortejo son muy variadas según la cultura y la clase social y suponen un lenguaje críptico para quien no las domina. De forma que el envío de una señal equivocada puede echar al traste el encuentro. Hay muchas señales que manejamos, de las cuales no somos conscientes. Por ejemplo, en las mujeres tocarse el pelo, “hacer morritos”, bajar la mirada… Para los hombres, mantenerse erguido, moverse de atrás a adelante, sacar el pecho…

La etapa del contacto físico comienza con señales que preludian la intención de acercamiento: inclinación hacia el frente, acercamiento de un pie o tocarse el brazo como si fuera del otro… Después, uno de los dos roza al otro, o lo toca con el hombro o cualquier otra parte del cuerpo de forma que parezca casual. El otro advierte la intención de inmediato, si se inclina en su dirección y sonríe, o si devuelve el contacto, vamos por buen camino y el cortejo está siendo un éxito. Estos juegos son básicos, y todas las culturas tienen códigos que indican quién puede tocar a quién, al igual que cuándo, dónde y cómo.

¿Qué lugar concedes al cortejo en tu vida? ¿Te gusta cortejar? ¿Te gusta que te cortejen? ¿Cómo sueles cortejar? ¿Eres capaz de reconocer muchas señales de cortejo?