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«Mindfulness» y desarrollo personal

Hoy día se oye mucho hablar de “mindfulness”. Se trata de un término anglosajón que significa “conciencia” o «atención plena», en el sentido de “el darnos cuenta plenamente”. Esto implica la capacidad reflexiva que nos distingue del resto de los animales. Y la pregunta es: ¿cuán conscientes somos de nuestra experiencia? ¿Realmente nos distinguimos tanto del resto de los animales?

Para cualquier persona puede resultar bastante difícil cambiar. O quizás debo matizar, lo que resulta difícil es tener control sobre nuestros cambios. Sobre todo si partimos de la base de que todo lo que existe se encuentra cambiando continuamente. Es verdad que los cambios pueden ser tan lentos y graduales, que muchas veces resultan imperceptibles.

Todas las personas estamos cambiando todo el tiempo. Nada se detiene ni se mantiene estático aunque sea un instante. Sin embargo, el desarrollo personal requiere de un gran esfuerzo consciente para dirigir los cambios de la forma adecuada.

Somos “animales de costumbres” y de la misma manera que tendemos a repetir rutinas, podemos repetir formas y estilos de pensamiento en nuestra mente. Lo que es capaz iluminar esas formas y estilos de pensamiento ―en un sentido metafórico― es la conciencia, en el sentido de “mindfulness”.

De lo que se trata es de contar con un grado de conciencia que nos permite darnos cuenta de los que estamos haciendo, diciendo, pensando… Por lo que estamos hablando de una cuestión de grado. Cuanto más conscientes seamos, más probable es que tengamos mayor control sobre todos estos aspectos.

Por cuestiones didácticas, es posible decir que primero es necesario empezar a ser conscientes de nuestro cuerpo y sus movimientos. Esto implica el darnos cuenta de nuestro estado físico, sensaciones… Digamos que se trata del tipo de conciencia más básica. Sin embargo, no es tan difícil encontrar personas a nuestro alrededor que no son conscientes de su cuerpo lo suficiente ni tampoco de su motricidad.

Además es necesario ser conscientes de nuestros estados mentales. Éstos incluyen sentimientos, emociones, percepciones, actitudes, intuición, procesos cognitivos. Es sorprenderte el número de personas que no tienen suficiente conciencia, por ejemplo de sus procesos emocionales. Debido a ello es muy improbable que sean capaces de realizar una gestión emocional adecuada, lo cual seguramente les acarreará conflictos interpersonales frecuentes.

Lógicamente, somos entes sociales y para ser plenamente conscientes debemos percatarnos de todas las personas que se encuentran a nuestro alrededor. Éstas también tienen sus propios procesos.

Asimismo es necesario tener un grado de conciencia suficiente con respecto al entorno. En las últimas décadas se empieza a dar más importancia al trato que damos al planeta, por ejemplo. Pero hasta hace no demasiado tiempo la conciencia sobre temas medioambientales era escasa. De hecho, sigue haciendo falta mucha conciencia en este sentido.

En resumen, podemos hablar de cuatro dimensiones de la conciencia:

  1. La conciencia de uno mismo.
  2. La conciencia de nuestro entorno.
  3. La conciencia de otros seres vivos.
  4. La conciencia de la realidad.

El cambio positivo, dentro del desarrollo personal, es prácticamente imposible si no existe suficiente conciencia.

¿Cuánto estás dispuesto o dispuesta a cambiar? ¿Eres consciente de ello?