Centro Psicológico y Sexológico Zubieta Centro Psicológico y Sexológico Zubieta

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Parejas hostiles

 

A veces atendemos a personas con serios conflictos de pareja, que vienen a consulta por sus problemas sexuales. Este desenfoque del verdadero origen del conflicto es bastante frecuente. Los inteligentes humanos, capaces de grandes logros intelectuales y de detectar perspicazmente la paja en el ojo ajeno, en muchas ocasiones, no podemos ver la paja en el nuestro.

Muchas parejas creen que cualquier conflicto se puede resolver con el sexo. Lamen sus heridas en el frenesí del revolcón, esperando que surja el milagro. Sin embargo, en la mayoría de los casos este tipo de solución no funciona. O, por lo menos, no durante un tiempo indefinido. Tarde o temprano, las guerras de la pareja debilitan la libido y la vida sexual se torna escasa. Cuando en las parejas se generan luchas de poner, no hay vencedores ni vencidos: las dos partes salen perdiendo.

Cuando hay luchas de poder en la pareja, la vida sexual no es ajena al conflicto. Sometimiento y sexo forman un peligroso binomio, que en muchas ocasiones se utiliza para mantener a la otra persona dependiente.

Para algunos hombres la penetración, la consumación, puede actuar como catarsis de sus ansias de poder. No en vano hay frases como “la hizo suya” que remiten al ancestral afán del dominio masculino.

En cuanto a las mujeres, su dominio se escenifica en la seducción, en despertar el deseo, en conseguir que el pene de su enfadado compañero tenga vida propia y responda más al instinto que a la razón.

De esta forma reiteran el poder que tiene sobre su oponente. Y es que hay parejas que convierten el vínculo en una batalla campal. Lógicamente, esas batallas pueden varia en cuanto a su nocividad, frecuencia y consecuencias.

El escenario anterior no tiene nada que ver con las dulces reconciliaciones, caricias mediante, que todas las parejas profesan. Los mimos, las carantoñas, el frenesí sexual, son un buen remedio para limar asperezas y favorecer tanto la intimidad como la complicidad.

El problema viene cuando los conflictos son difíciles y en lugar de abordarlos y sanearlos, se estucan con caricias postizas. Cuando el impulso responde más al afán de imposición y reafirmación, que al deseo de dar y compartir que surge del profundo sentimiento del amor compartido. No existe la relación perfecta, todas tiene su punto de acidez, pero vale la pena negociar las discrepancias y no ensañarnos en estériles y dolorosas disputas.

¿Cómo vives las reconciliaciones con sexo mediante? ¿Qué opinas de las situaciones que en las que el sexo se convierte en una lucha de poder? ¿Has utilizado el sexo para someter a tu pareja? ¿Te parece que en la cama todo se cura?